Arquitectura Brummell: Inma Rabano
Hablamos con Inma Rabano, la arquitecta del Hotel Brummell, un espacio donde cada rincón parece tener su propia historia secreta. Desde el primer trazo hasta los detalles más sutiles, descubrimos qué pasa cuando una arquitecta transforma un edificio en algo que no sólo busca ser hermoso, sino también vivir, respirar y envejecer con personalidad.
¿Por dónde entraste? ¿Dónde empezaste?
El edificio existente fue el punto de partida. Su interés arquitectónico y constructivo, unido a su buen estado de conservación general, nos llevó a plantear un proyecto basado en su recuperación. Las exigencias del nuevo uso hotelero y la normativa vigente requerían una rehabilitación integral: una redistribución completa de los espacios, manteniendo intacta la fachada principal. Fue necesario acometer obras estructurales de gran envergadura, como nuevos núcleos de comunicación vertical (ascensores y escaleras) que exigieron demoliciones importantes. Se eliminó toda la crujía central del edificio y las galerías de la fachada posterior —alteradas por auto-construcciones de nula calidad—, así como gran parte de los locales en planta baja, permitiendo abrir el edificio hacia un nuevo patio porticado: un jardín interior que se convirtió en el corazón del proyecto.
¿Cuál fue el primer espacio que te hizo sudar?
La conservación de la estructura original del edificio fue todo un reto. Decidimos dejarla vista en la planta baja: jácenas de madera sobre columnas de fundición, sosteniendo vigas también de madera. Un sistema bellísimo, pero delicado de mantener y reforzar. La escalera de emergencia, exigida por normativa, fue otro punto crítico. Optamos por ubicarla en el exterior, adosada a la fachada posterior, y la concebimos como un elemento singular y liviano. Hoy, esa decisión se ha convertido en uno de los emblemas del Hotel Brummell: la escalera conecta con un espacio abierto y ajardinado, el verdadero corazón del edificio. Verla allí hoy, funcionando con tanta fuerza simbólica, justifica cada gota de sudor.
¿Qué te robaste de Barcelona… y qué vino de más lejos?
Todo el edificio es Barcelona. Es un ejemplo de la tipología constructiva residencial típica de mediados del siglo XIX. El patio central es también claramente mediterráneo. La arquitectura urbana mediterránea es, por naturaleza, introvertida. Se vuelca hacia el interior, limitando los huecos exteriores y resaltando el papel de los patios como espacios vertebradores y de socialización. Las nuevas estructuras de acero y hormigón visto conviven con la madera original, creando un lenguaje claramente barcelonés. Los elementos decorativos, sin embargo, invitan al visitante a viajar lejos. Hay piezas e influencias de culturas exóticas, cuidadosamente integradas, que dialogan con la esencia local sin invadirla. El resultado es un equilibrio: el continente es Barcelona, pero el contenido sugiere movimiento, exploración, sorpresa.
¿Te dejaron hacer alguna locura?
En la primera planta de Nou de la Rambla, proyectamos una zona común con sauna, que conecta con la piscina y el solárium. Insistimos mucho en que esta parte quedara abierta al exterior, como una veranda que comunicara interior y patio ajardinado. Allí aparece otro gesto singular: un muro de hormigón visto realizado in situ, que sirve de soporte y pantalla para la llegada de la escalera exterior. Es un recorrido sugerente, inesperado… Hoy es uno de los rincones más fotografiados del hotel.
¿Qué parte del edificio te sigue calentando diez años después?
La diferencia de altura entre las habitaciones de la primera planta y los balcones de la fachada a calle sigue pareciéndome un gesto algo forzado. Fue necesario para pasar todas las instalaciones por un pavimento técnico, dejando la estructura vista en la planta baja. Funciona, pero no deja de molestarme. Algunos revestimientos que se ejecutaron sin patrón, como el aplacado del altillo sobre la cocina, no terminan de encajar. Por suerte, unas persianas lo ocultan hoy. A veces, la arquitectura también consiste en saber cubrir los errores con elegancia.
¿Qué detalle sólo existe porque insististe como un terco?
La escalera exterior sobre la que recaen varias habitaciones. Para cumplir normativa, fue necesario instalar carísimas pantallas ignífugas automáticas en las ventanas, para aislar las habitaciones de la escalera en caso de incendio. Afortunadamente, nunca han tenido que activarse. Pero ahí están: como testigos de una tozudez convertida en seguridad (y en diseño).
¿Has soñado con el edificio alguna vez?
Claro que sí. Durante la ejecución de la obra, soñaba con él casi a diario. A veces aún lo hago. Me despierto angustiada pensando que tengo que tomar una decisión estructural urgente. Son sueños de arquitecta, supongo.
Sé honesta: ¿Cómo ha envejecido el edificio?
Es una maravilla ver cómo ha envejecido. El mantenimiento ha sido ejemplar, y la esencia del proyecto se ha engrandecido con los años: detalles decorativos bien escogidos, vegetación que ha crecido con naturalidad… Como todo lo bueno, necesitaba tiempo para florecer. Y lo ha hecho.